jueves, 28 de abril de 2011

Jugando a cosicas (VI). Reseña de República de Roma.

Bueno, hoy otro clásico, uno de los grandes de Avalon Hill, recientemente reeditado por Edge, que no debería faltar en la colección de ningún friki maquiavélico.

República de Roma. Puntuación (9)

El República de Roma es un juegazo, lo mires por donde lo mires. En el, los jugadores representan a una influyente familia romana (los Cornelius, los Valerius, etc...) tratando de adquirir poder en el senado, enriqueciéndose 'honestamente' y ganando prestigio en el campo de batalla mientras defienden Roma de los múltiples peligros que la acechan.

El juego es competitivo y 'puñalero', con los jugadores acusándose unos a otros de corruptos, y apuñalándose sin piedad (literalmente) cuando las circunstancias lo requieren. Pero también es cooperativo, puesto que si Roma cae ante las amenazas externas, todos los jugadores pierden.

El juego refleja a la perfección como un imperio invencible, cae ante la avaricia y las zancadillas políticas de sus gobernantes. En la universidad jugamos montones de veces (a la edición antigua), con gente experimentada en todo tipo de juegos, y ni una sola vez conseguimos acabar las tres repúblicas. No importa cuantas promesas hiciéramos de arrimar el hombro cuando hiciera falta, de no ser corruptos... al final, las arcas de roma acababan saqueadas, los mejores generales apuñalados por temor a que se hicieran demasiado populares, el senado convertido en un circo y Atila paseando por Roma... ¡y es genial!, el juego no solo tiene una gran profundidad a nivel de estrategias de gestión, además las fases políticas son tremendamente divertidas, dando lugar a situaciones esperpénticas, traiciones, asesinatos...

El desarrollo del juego (a grosso modo, el que quiera las reglas completas que se las descargue) es el siguiente, los jugadores votan la asignación de cargos políticos a sus familias (Cónsul, Censor, Pontífice, etc..), según Roma adquiere nuevas provincias se asignan senadores como gobernadores de las mismas (también por votación), así como concesiones comerciales (de grano, de armamento)... que los honrados jugadores explotarán para beneficio de Roma (aquí es cuando ya empieza el desmadre, quedándose los impuestos de las provincias, vendiendo grano en mal estado y armando a las legiones con espadas de hojalata). Cuando un jugador es corrupto, este puede ser juzgado.. a no ser que alguien apuñale al Censor antes de que termine de formular la acusación... Aparte de todo esto, durante la fase política se vota para armar (pagando) legiones (otro divertido momento de discusiones sobre si hace falta que Roma gaste tantos denarios por unos simples bárbaros africanos en elefantes...). Y se vota quien irá a la guerra si la hay (... hum... sin duda Cayo Obtuso es el indicado para marchar con unos cuantos hombres a detener a los Germanos ¿Que le puede ocurrir?).

La jubilación anticipada de un Consul siempre anima una sesión del senado.


Después de pasárselo bien en el senado viene la fase de guerras, donde por norma general un ejército romano escaso (porque los senadores no querían aflojar la bolsa), a las ordenes de un inepto/odiado senador (ya que mandar a un general experimentado podría reportar mucha influencia a su familia y no nos interesa a ninguno, mejor mandamos a este que con suerte se lo cargan), cae derrotado ante las invasiones extranjeras, haciendo que Roma se acerque más y más al abismo. El sistema es bastante sencillo, con un par de tiradas se resuelven las guerras (el juego es político y de gestión, no estratégico), la idea es aplastar al enemigo con una brutal superioridad (lo que ocurría en la época cuando el senado no estaba dando por culo).

Mientras, la plebe, descontenta por las fechorías de sus gobernantes, se acercan al punto de entrar en el senado y pasar a toda esa panda de corruptos al gladium, y los senadores se rascan los bolsillos para organizar juegos que contenten a la chusma.

Y así trascurre el juego, turno tras turno, aprobando leyes, intrigando y tratando de convertirse en Cónsul vitalicio (una de las formas de ganar).

A nivel gráfico el juego original era muy bueno, la reedición mejora las cartas añadiendo ilustraciones a color y unas preciosas monedas que imitan a las antiguas (todo un lujo), las cartas de provincias incorporan unos discos para marcar el valor de la provincia (en el antiguo, simplemente se ponían unos marcadores con números encima, no estoy muy seguro de que este método me guste más que el anterior). Sin duda el juego vale los 60€ hasta el último céntimo.

A la dcha. el nuevo tablero, más colorido y detallado (aunque el antiguo, no tiene nada que envidiar)


En resumen, un magnífico juego de los de antes, de tirarse todo el día delante de la mesa, con un reglamento complejo y detallado y horas y horas de diversión totalmente rejugables (algo de lo que hoy en día adolecen mucho juegos).

STATS
COMPLEJIDAD: 8, nada de reglamentos para nenazas, 40 páginas como dios manda.
DIVERSIÓN: 9, pero solo si te gustan los juegos sesudos, si el Catán te parece complicado, olvidate.
FRIKEZ: 7, es un juego de intriga y gestión bastante complejo, desde luego no apto para jugarlo con gentiles.

8 comentarios:

  1. Mmmm...recuerdo aquel día memorable en que, siendo juzgado un senador por corrupción (se quedaba el grano, creo recordar que de Iberia, y todavía pregonaba que era inocente, el muy traidor), un amigo del acusado apuñaló al Censor (a través de un señor asesino que llevaba en el bolsillo), dando lugar a que un amigo de éste apuñalase a su asesino (creo recordar que mediante tiradas de suerte), siendo éste muerto a su vez por un primo segundo por parte de madre que pasaba por el senado en ese momento casualmente acompañado de un asesino. Y todo en la misma sesión del senado. Por supuesto Roma sucumbió en la ¿primera o segunda? Guerra Púnica. Y los piratas los pasamos de pura coña. Ah, que tiempos...jajaja

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  2. Tiene muy buena pinta el juego. Sin embargo el advanced civilizations me atraía más... :D

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  3. Otro gran juego de politiqueos, engaños e intrigas es el Dune. Adaptación de la novela homónima.

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  4. Este juego lo compró un amigo y todavía estamos en fase de estudio de reglas, pero verdaderamente tiene muy buena pinta. Creoq ue terminaremos jugando tres como mucho, porque el resto del grupo son "gentiles" y dudo mucho que se esfuercen en leer y aprenderse un poco las reglas.
    Genial reseña¡¡¡¡

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  5. Bueno, lo cierto es que nunca he jugado con 3, pero como todos los juegos de politiqueo cuantos más mejor. Busca algún incauto a quien meter en la partida. Tener un par de jugadores novatos no es del todo malo, son las típicas familias de senadores sin alineación que el resto de crápulas trata de llevarse para su casa. Y quien sabe, quizás acabéis consiguiendo un par de conversos jugones (eso sí, iniciarlos con algo más amable tipo Catan).

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  6. Es un juegazo como la copa de un pino, y si se juega con dos o tres que dominen bien las reglas, los no jugones novatos pueden integrarse bastante bien. Ahora, eso sí, hay que advertirles que es un juego largo...

    Enhorabuena por el blog

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  7. En otra reseña también has puesto un 8 de dificultad a Terra Mystica, ¿sigues pensando que tienen una dificultad similar? Lo digo porque este me parece un juego duro y el Terra aunque luego haya que darle al tarro las reglas son fácilmente explicables en diez minutos

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    Respuestas
    1. En realidad esta escala de valoraciones es terriblemente subjetiva, y más cuando tratamos conceptos tan vagos como la dificultad de un juego. En el caso de TM la dificultad no está tanto en las reglas en sí, como en la complejidad a la hora de dominar variables del juego durante la partida, mientras que en el RoR pesa más lo extenso y engorroso del reglamento (luego pasa como con el Civi, es sota, caballo y rey).

      La idea de estos valores, más que dar una escala exacta de este es más o menos complicado que este otro. Es saber que un juego de dificultad alta no es adecuado para intentar que alguien pase de los filler a los juegos medios.

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