viernes, 23 de septiembre de 2011

18 trasfondos atípicos para tus personajes (parte I).

Hola a todos de nuevo. Otra semana más por estos lares y volvemos con los juegos de rol y los consejos y diatribas de este, vuestro servidor.

Hace un par de semanas escribía sobre lo importante que era alejarse un poco de los tópicos para imprimir personalidad y originalidad a los trasfondos. Hoy voy a seguir ese tema esbozando dieciocho personajes con el deseo de que os puedan servir como trasfondo para un PNJ o como base para construir un PJ.

1. Fredo, el jinete.
Fredo siempre ha sido un jinete, o al menos, ha querido serlo. Desde pequeño su padre le llevó a las carreras de caballos de Plinta y allí veía como la gente gritaba y jaleaba a los corredores, los sacaban a hombros de la plaza y los trataban como héroes. El quería eso. Por las tardes cuando cuidaba el viejo asno de la familia saltaba sobre la grupa y se imaginaba volando sobre la arena, dejando atrás a los demás corredores y saliendo a hombros con los laureles dorados. Cuando creció, la realidad le abrió los ojos, los jinetes que corrían la carrera de Plinta eran nobles, entrenados desde pequeños para montar los mejores caballos, años y años de entrenamiento que el nunca podría tener. Afligido por la decepción pasó un tiempo ayudando en el negocio familiar, hasta que un día, una conversación con un viejo buhonero le lleno la cabeza de sueños. 'Se lo que quieras ser, muchacho, y no dejes que nadie te diga lo que no puedes hacer'. Ese día se alisto en el ejército regular, hizo lo imposible para conseguir que le asignaran al cuerpo de caballería, y aunque sabía que nunca podría montar uno de esos caballos, empezó a aprender todo lo necesario sobre tan magníficos animales. Con el paso del tiempo, Fredo se ha convertido en un auténtico experto en todo lo que se refiere a los caballos, sus cuidados, sus dolencias, como tratarlos y manejarlos e incluso ha podido montarlos durante los periodos de entrenamiento.


2. Orson, el clérigo cleptómano.
Orson es un hombre de Dios, cree firmemente en las enseñanzas del altísimo y es un diligente cumplidor de todas sus enseñanzas. Bueno, de todas excepto de esa pequeña regla de no robar, y no es que Orson no intente refrenarse, es solo que no puede evitarlo, hay algo dentro de el que le supera y le obliga a hacer ciertas cosas. Cuando ve algo pequeño y brillante necesita echárselo al bolsillo. Eso le ha acarreado infinidad de problemas (tanto místicos como mundanos) desde su ingreso como monaguillo. Solo su envidiable capacidad para contar las más enrevesadas mentiras (vale quizás sean dos las reglas que Orson no es capaz de seguir) y su cada vez más refinada habilidad para escamotear pequeños y brillantes tesoros le ha permitido, no solo no ser expulsado de la iglesia, sino ascender algunos escalones hasta convertirse en clérigo de pleno derecho (los padres de la orden quisieron probar su fe antes de ordenarle clérigo oficiante, y consiguió hacer una más que excelente imitación de un hechizo de curación gracias a ese anillo mágico que se le despistó al padre Hoder).

3. Nails, el cruel.
Nails es un huérfano, nació en el séquito de uno de los grandes ejércitos de la gran guerra, su madre era una de las fulanas que seguían a los hombres del Duque D'Artuan y le abandonó en una cuneta al nacer (o eso le contó el Sr. Flemas cuando lo recogió del barro y lo incorporó a su grupo de pordioseros). Los chicos de Flemas era un buen sitio para crecer, o al menos era un sitio mejor que una cuneta. Flemas no era un buen tio, en realidad era un cabrón cruel y despiadado que trataba a sus hijos con mano de hierro mientras les enseñaba sus tareas. Por suerte para Nails, a el no le toco mendigar, así que aun tenía todos los brazos y piernas. Con el tiempo Nails fue ganando habilidades y descubrió un talento innato para causar dolor y sufrimiento, vaya que si, 'dar'mun clavo yun mazo y veréis que risas'. A los 12 años ya era el encargado de disciplinar a los chicos que escamoteaban algo de dinero o comida, y le encantaba su trabajo, aunque alguna vez Flemas le había recriminado que muchos de los chicos acababan sirviendo solo para mendigos. Hará cosa de un año, Nails conoció a Ruby, una niña guapísima que Flemas acababa de recoger y que alquilaba a algunos caballeros selectos. Era genial, porque Nails, desde su posición podía tener acceso a Ruby de vez en cuando. Hasta que ese malnacido de Costras se la llevó, 'le contó estorias y mierdas de libertas y tonterías y la convenció pa que se largara con el después de darl'un palo al estirao que la havía alquilao'. Eso le costó el pescuezo a Flemas y casi a Nails a manos de la guardia del puto follaniños. Pero Costras pagaría, joder que si pagaría. Los encontraría a los dos y pensaba usar con ellos sus cuarenta y dos clavos, si señor, todos y cada uno de ellos.

4 (y 5). Oridus, el profeta y Rinhard la desdichada.
Ordius es un mago ilusionista de poco talento y mucha labia, Rinhard por su parte es una actriz fracasada de la capital, caída en desgracia por rechazar las atenciones de un rico e influyente ciudadano que se aseguró de que nadie la contratara jamás. Rinhard es buena actriz, pero cuando canta, es como si los infiernos se abrieran y dejaran escapar el maullido de mil gatos en llamas, aunque ella está convencida de que no es así y que sus habilidades en el bel canto, superan con creces sus ya elevadas aptitudes para la actuación. Tras conocerse en una taberna sin alcurnia alguna, Oridus vio en Rinhard la compañera ideal para sus actuaciones. Oridus se dedica a estafar a los habitantes de las aldeas por la que pasa, se hace pasar por un famoso adivino y lanza unas cuantas predicciones gratis que el mismo se encarga de cumplir, con ayuda de su astucia y las torpes ilusiones que maneja. Depués, y por la módica tarifa de todo lo que el pueblo pueda aflojar, el propio Oridus se hace cargo de la maldición profetizada y libera a los afligidos y crédulos campesinos de sus males. Con Rinhard, las tretas e historias son ahora mucho más elaboradas y creíbles, hasta el punto de haber engañado a un pequeño noble local hace poco y haberle sacado un buen saco de monedas de oro (nada de sacos de nabos y pieles de oveja de ahora en adelante). Rinhard es plenamente consciente del desperdicio que para su talento, supone hacer estas cosa, y pasa el tiempo entre la depresión más profunda y periodos de actividad febril en la que se ve de nuevo como la reina de los teatros de una gran ciudad. Oridus no para de prometerle que si siguen haciendo estos trabajitos y subiendo el nivel de los botines, podrán acumular dinero suficiente para devolver a la gloria la carrera artística de la diva (el lo cree de verdad, ya que con el tiempo ha llegado a enamorarse de Rinhard).

6. Sir Aleppo el recto.
Sir Aleppo es un paladín, o eso cree el, con todas sus fuerzas y una convicción que hacen que la gente dude al principio y acabe creyéndolo al final. Aleppo fue escudero durante muchos años del longevo caballero Sir Taras el viejo. El resto de muchachos de su edad ya habían sido nombrados caballeros, algunos incluso habían nombrado caballeros a sus propios escuderos, y el seguía esperando apenado que Sir Taras lo considerara digno. Sir Taras murió de una pulmonía un frío invierno a la edad de setenta y seis años, delirante por la fiebre y senil desde hace años atrajo a Aleppo a su lecho y le dedicó sus últimas palabras 'Aleppo, nunca te nombré caballero porque tu destino es mucho más elevado. Dios me habló el día que caí herido en la batalla de los Altos, cuando pensaba que había llegado mi hora me dijo que no podía partir, que debía dedicar mi vida a prepararte para convertirte en su paladín, su voluntad hecha acero, por eso ahora Aleppo, te nombro Sir Aleppo, el brazo de Dios'. Con esas palabras, Aleppo... Sir Aleppo se encontró a si mismo con una edad a la que muchos caballeros se retiraban, recién armado caballero y con una misión divina. ¿Que sentido tenía dudar de la visión de Sir Taras? Eso le convertiría en un anciano patético armado caballero por un loco y cuya hazaña más grande había sido cambiar los pañales de un viejo senil. Aleppo sigue las normas de su código a rajatabla, todas y cada una de ellas, con un rigor casi enfermizo. Pero por desgracia para el, su Dios no le ha concedido ninguna de las bendiciones que se esperan en un paladín, cosa que no hace sino reforzar la firme convicción de que esta siendo puesto a prueba. Aleppo tiene un conocimiento casi bibliográfico del Libro Sagrado, capaz de competir con los eruditos más sabios del Templo y se ha impuesto la sagrada tarea de llevar la luz de Dios a los infieles y los gentiles y convertirlos a la verdadera fe.

Bueno, por hoy suficiente (no queremos convertir esto en un volumen de enciclopedia), espero que os sea de utilidad o que como mínimo os entretenga un rato. Gracias a todos y nos vemos la semana que viene.

No es por ser pesado pero ya sabéis que podéis seguir los derroteos del blog en facebook.

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